InicioBarrido CríticoSin libertad de pensamiento, la libertad de expresión vale poco

Sin libertad de pensamiento, la libertad de expresión vale poco

“Seguir la línea trazada el compromiso con los lectores, que es lo que piden cuando reclaman su derecho a ser formados e informados. De ahí la libertad de expresión y de información,  es un derecho humano básico, seguiremos ejerciéndolo pese a quien pese, con honestidad, transparencia.”

Normalmente damos por echas muchas de las cosas de las que conforman nuestra sociedad. Es por eso que es muy recomendable ir viajado, a otras latitudes, para conocer y comparar. Hay quien llega a decir que se valora lo que se conoce cuando se pierde. Y hay cosas que son fundamentales, como la salud en una persona. Si la pierde, es la base de todo lo demás. Y la salud democrática de una sociedad se basa en la libre circulación de información. Si no quieres que algo se sepa, simplemente, no lo hagas. Sino, en un momento u otro, dejará de ser secreto, y sobre todo, el primer círculo a trazar es sobre uno mismo, en respeto por uno mismo, su honestidad, transparencia y de ahí, hacia los demás. Y la prensa, el denominado cuarto poder, es el mejor garante de las libertades. O, dicho en plata, por favor, no disparen al pianista.

De un tiempo a esta parte hemos podido ver como quien desde sepulcros blanqueados tratan de discriminar una determinada prensa sobre otra, dado que se supone que en el convulso mercado de los medios de información, donde muchos dan por liquidado al papel (por más que no sucedió del todo que el video destruyera la estrella de la radio), pero si su sitio se está redimensionando. Y en ese espacio los que plantean la ocupación del espacio por los afines, tienen una forma de plantearlo en el que para asumir su visión de la realidad se pone en riesgo la visión de conjunto, y valores compartidos, tocando una fibra sensible que no se debiera sino fortalecer. Un espacio, el público, que es de todos. Incluido de parte de quien no necesariamente sea de tu agrado. Esa es la libertad y la democracia.

Justo es señalar el potencial liberticida de los que sólo defienden a los suyos con independencia de lo que se haga. Eso es corporativismo, tan nefasto como aquellos servidores de lo público que se supone deben incorporar una neutralidad política, donde su pensamiento personal quede supeditado al servicio de un conjunto de la ciudadanía de pluralidad de orígenes, identidades y sentimientos, y donde la ciudadanía tiene el derecho y la libertad de que se pueda identificar con la corporación, sea municipal o provincial, o autonómica, con sus instituciones, sea cual sea su credo o identidad. Y eso sólo es posible si se acompaña de una forma de feedback formativo e informativo libre y permeable a las mismas condiciones. Si hay periodismo leal, el baremo de trato debe ser profesional, por eso no es de recibo que se perpetren ataques sin fundamento dentro del ámbito político. Porque un periodista nunca quiere ser noticia, sino transmitir las noticias. Queremos contar la realidad. Cada cual desde su prisma, es cierto, pero por eso no hay prensa única, y más, gracias a las nuevas tecnologías y redes sociales, existe la posibilidad y hay que fortalecer esa diversidad, desde el respeto al diferente, dejando libertad al lector de juzgar la valía por el contenido, y no por quien es el emisor, que no es más que un cronista y nada más.

Hemos de aprender el valor cívico de la virtud, del mero hecho de conjugar que en el marco actual de circunstancias, las ayudas públicas son una realidad, que interesa a ambas partes. Déjense de sermones y de monsergas. La propia realidad de lo público obliga a las instituciones a contar con medios de comunicación mediante los cuales comunicar el sinfín de cosas que la propia administración quiere transmitir. Y el pueblo tiene el derecho a conocer, y eso se hace a través de múltiples canales. Y puede ser publicidad o información. Y esto se hace por medio de una profusión de medios, con independencia de su línea editorial. Ese debiera ser el espíritu de colaboración entre prensa e instituciones. Pero, cuidado, porque la prensa es mucho más. Porque esta es una consecuencia directa de su función primaria que es formar e informar. Dar a conocer los hechos que se van sucediendo. Hacemos historia todos los días. Pequeños hilos que se van sumando a la gran tela de hechos que conforman la realidad de esa comunidad imaginada que estudian los sociólogos. Son construcciones sociales. No en el aire, sino pegados al suelo, y cuanta mejor calidad en la información, el pueblo suele tomar mejores decisiones. En el sentido de sopesadas y conscientes de sus causas y consecuencias. Que es la forma en que el mercado y la democracia funcionen. Con engranajes sólidos y firmes. Y sobre todo, con valores.

Salvando las distancias cuando acusaron al Capitán Dreyfuss de espionaje (por ser judío), en falso, la bola fue creciendo, tanto que puso en riesgo la propia existencia de la tercera república francesa, tanto que, tras el “yo acuso” de Zola, la SFIO (el partido socialista francés) se vio en la tesitura de o defender la democracia burguesa y liberal existente o ir a un sistema aún peor, y se levantaron del sueño de los justos e hicieron política desde el pragmatismo y el compromiso con lo real sin declinar sus ideales. Sirva el ejemplo para poner en valor la ética y la firmeza en esos elementos que una sociedad sana merece compartir y conservar como en este caso pueda ser la deferencia de la defensa de principios universales, como la libertad de formación e información, y de la prensa, para hacer su trabajo, sin dejar de que pueda ser política, pues los editoriales están para algo, y son legítimos, pero sin entrar en luchas fratricidas y partidistas, y donde se pueda salir en defensa de los principios y valores, con decisión y confianza, sea quien sea el que lo merezca.

Son nuestras elecciones las que muestran lo que somos, mucho más que nuestras habilidades. Las personas no se dividen en buenos y malos, todos tenemos luz y oscuridad en nuestro corazón, lo importante es que parte decidimos potenciar. Porque puede llegar el momento en que elegir entre lo que es fácil y lo que es correcto. Y en ese escenario, ante el resto de gentes, si uno es un profesional, honesto, transparente, que hace su trabajo, se podrá valorar mejor o peor, pero es lo que hay. Eso es lo que toca. Y seguir la línea trazada el compromiso con los lectores, que es lo que piden cuando reclaman su derecho a ser formados e informados. Y ante eso, sólo queda rechazar lo falso, combatir lo injusto, mantener el rumbo y afrontar los desafíos según vengan. Y debatir de hechos e ideas, no de personas e identidades. De eso suele ir la libertad de expresión y de información, y como es un derecho humano básico, seguiremos ejerciéndolo pese a quien pese, con honestidad, transparencia, y, si, también con orgullo. Semper fidelis.

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